09/05/2018 | Innovación tecnológica
Sistema de limpieza de envases de agroquímicos para evitar la contaminación
La Dra. Zalazar lidera este proyecto conjunto entre integrantes del INTEC y la Cooperativa Mixta de Margarita. 
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Foto de izq. a der.: E. Vidal, M. Lescano, C. Masin, C. Zalazar y A. Durán. Gentileza de la entrevistada.

 

La Dra. Cristina Zalazar* lidera este proyecto conjunto entre integrantes del Grupo de Tecnologías Ambientales e Ingeniería de los Fotorreactores del INTEC (CONICET, UNL)  y la Cooperativa Mixta de Margarita (Pcia. de Santa Fe). En esta nota, un recorrido por los aspectos menos conocidos de lo que implicó e implica este proyecto. La satisfacción de una necesidad social a partir de un actor concreto.

Un poco de historia

“Nosotros trabajábamos en el laboratorio y hacíamos investigaciones que vos divulgaste, a través de notas periodísticas, en las que se aludía a un proceso determinado en el cual agua oxigenada y radiación UV se combinan para degradar glifosato en agua. Sobre ese tema teníamos material publicado y experiencias acumuladas, y cuando llegó a nosotros el Ing. Agr. Matías Caillat, de la Cooperativa Mixta de Margarita, localidad del norte de Santa Fe, lo hizo impulsado por los artículos de divulgación que había leído. Y esto está en clara sintonía con la charla que Diego Golombek brindó el 9 de abril en el CONICET Santa Fe en la que destacó que es a través de la divulgación científica, o de la comunicación pública de la ciencia, como se produce el vínculo con la sociedad. Luego, a partir de ese primer encuentro y tras sucesivas reuniones, decidimos presentarnos a una convocatoria de la Agencia Santafesina de Ciencia, Tecnología e Innovación, la primera que realizaba la Provincia de Santa Fe. Esta convocatoria requería de un actor social, en este caso la Cooperativa, vinculado a un grupo de investigación…y ahí estábamos nosotros. El proyecto fue seleccionado para su financiamiento y ese fue el principio de la ‘historia’”, narra la científica.

¿Qué valor representó esa “experiencia acumulada”?

Nos hizo dar cuenta de que era parcial comparada con la  problemática real, y cuando empezamos a trabajar con algunos integrantes de la Cooperativa, a salir de nuestro ambiente habitual y a vincularnos de otra manera, encontramos que había problemas para los cuales teníamos que buscar nuevas soluciones. Por citar algunos ejemplos, debimos prepararnos para los aspectos técnicos y los no técnicos: la cuestión social, la comunicacional, el manejo de fondos. En este último caso, diferente a los fondos “clásicos” que una, como investigadora, está acostumbrada a administrar ya que los subsidios de innovación tecnológica y de transferencia tienen otra dinámica, otra lógica. También tuvimos que familiarizarnos con los procesos de auditoría, todo lo cual significó tiempos y necesidades de entrenamiento del equipo de trabajo.

¿Y cuál era esa problemática real?

Teníamos que tratar un efluente de lavado, un envase, pero estábamos parados sobre una situación casi de Primer Mundo porque este tipo de tecnología no es nueva sino que se aplica en España, por ejemplo, y nos decíamos: “Vamos a tratar el lavado de efluentes de los envases que ya fueron triplemente lavados en campo, entonces lo que nos queda a nosotros es un agua ‘más limpia’ que tratamos con este sistema, con este proceso UV-peróxido en un fotorreactor”. Pero, en la realidad, muchos de los envases no llegan de esta forma; se descartan y no se enjuagan en campo. Así, encontrás residuos de agroquímico dentro de un envase descartado en vez de estar en el lugar para el cual fue diseñado, o sea, el cultivo. El enjuague de envases vacíos, más conocido como “Triple Lavado en Campo”, implica una ganancia ambiental porque lo usaste como debías hacerlo y no queda tirado, que es ahí cuando termina contaminando el suelo, el agua y el aire. También les hicimos ver a los productores que estaban perdiendo dinero… y ahí empezaron a surgir diferentes estrategias.

¿Es la primera vez que ustedes trabajan con una cooperativa?

Sí, y gracias a que es un ambiente -en cierta forma- reducido, puede convertirse en una especie de “piloto” y disparador de buenas intenciones y de buenas prácticas. Destaco que es un trabajo en equipo e interdisciplinario, imposible de hacer de manera individual. Por ejemplo, con relación a la problemática ambiental, la Mag. Alejandra Durán  empezó a trabajar fuertemente en la capacitación de los productores y en la información a las comunidades de Margarita y de Calchaquí, donde se construirá la Planta, con especial énfasis en la población escolar, actividades que también desarrollamos junto al Mag. Eduardo Vidal. Alejandra lleva a cabo un programa que incluye Ferias y en el que está involucrando diferentes escuelas y distintas organizaciones sociales con la idea de que la comunidad incorpore la problemática ambiental, la conozca y entienda por qué es necesario disponer de una Planta de Tratamiento. Todo esto es muy importante y lleva mucho tiempo, no solamente porque hay que viajar a Margarita (más de 200 km al norte de la ciudad de Santa Fe) sino porque hay que hacerlo por la Ruta 11, especialmente complicada cuando llueve.

Los productores entenderán la importancia del triple lavado y la pondrán en práctica, pero, ¿qué ocurre con el efluente que se debe tratar?

El efluente presenta un serio problema: está más sucio y más concentrado de lo que esperábamos. Luego, es en esta instancia en la que aparecen otras ideas, otros desarrollos, que ahora son una parte importante del proyecto y de esta Planta, siendo ejemplo de todo ello una “Lavadora Secuencial”, un desarrollo tecnológico de nuestro grupo que condujo el Ing. Vidal.

¿Cuáles son las características de esa lavadora?

Lo más importante es que logra quitar el resto de agroquímicos y suciedad de los envases, generando una cantidad muy baja de efluentes contaminados y reduciendo así drásticamente los costos de tratamiento de estos efluentes. Para su desarrollo e implementación se realizaron ensayos en nuestros laboratorios, cuyos resultados ayudaron al diseño óptimo utilizando técnicas computacionales. Ya se trabaja con una empresa radicada en la región (DEISA) para construir un prototipo, un modelo, para ensayar en esta planta. Deseo destacar que este equipamiento no existe en el mercado local ni en el exterior, hecho que presenta la posibilidad de patentarlo. Esta es otra demostración de los desafíos que se nos presentaron y en los cuales no habíamos pensado.

¿Qué se realiza con los efluentes contaminados?

Vamos a tener dos corrientes de residuos: una diluida, que es tratada mediante el proceso inicialmente propuesto, o sea un Fotorreactor. Por otro lado, una corriente concentrada, que en principio pensábamos enviarla a un operador de residuos peligrosos para que la incineren, pero… acá viene otro de los aportes que se nos ocurrió probar en este proyecto y que es otra de las líneas de investigación que tenemos en el grupo: Biolechos.

¿En qué consiste?

El biolecho, o sistemas de biopurificación, que se  usa en el Primer Mundo, es una tecnología asociada a las buenas prácticas agrícolas, y es tan simple como una excavación que se hace en el suelo, la que se impermeabiliza y se rellena con una biomezcla consistente en suelo del lugar -de alguna manera adaptado con su microbiología propia a metabolizar, a degradar contaminantes que recibe-, material lignocelulósico -que también es material residual disponible en nuestros campos, por ejemplo, a nivel laboratorio, hemos hecho ensayos con rastrojo de trigo y paja de alfalfa-, y un material humidificante, que puede ser la turba y que nosotros lo hemos reemplazado por la resaca de río. Hicimos ensayos con la intención, justamente, de construir un biolecho en la Planta de Margarita y ya contamos con trabajos publicados y otros por publicar, con esos resultados.

¿Por qué conviene recurrir a un biolecho?

Porque es un sistema que aprovecha la Naturaleza, la degradación natural y  materiales que son económicos y que están disponibles en el campo. En el Primer Mundo le agregan una plataforma en la parte superior, donde se estaciona el vehículo pulverizador -acá le decimos “mosquito”- , se prepara la fórmula concentrada con el agua y después se realiza el lavado cuando vuelve el “mosquito” del campo. Así, toda el agua contaminada cae sobre esa cama biológica y se realiza una degradación natural, en un sistema controlado. Acá esto no se hace, por eso nuestra intención es juntar todos esos procesos y que esta Planta pueda ser “modelo”.

Ya hemos mencionado a dos profesionales. ¿Quiénes más integran el grupo?

En este trabajo, en el que lo importante es complementar disciplinas y perfiles, está  la Dra. Maia Lescano, joven investigadora -de formación química, es quien realiza los ensayos de degradación química con pesticidas-, y los dos profesionales ya citados, ambos con estudios de posgrado, que son los que, de alguna manera, sustentan los trabajos de transferencia, con distintas miradas y formaciones. En esta serie de miradas sumo a la Dra. Carolina Masin, becaria posdoctoral del CONICET en Temas Estratégicos, quien empezó con una línea diferente, nueva, cual es la incorporación de lombrices como biorremediadoras del suelo.

¿Por qué se las incorpora?

Debido a que cumplen una función muy importante: son bioindicadores de la calidad de un suelo, al que no solamente logran fertilizar a través  de sus secreciones sino que con las galerías que van construyendo le otorgan porosidad y eso permite una aireación fundamental. Con Carolina estamos trabajando en lo que es su plan posdoctoral, y ella participa en este proyecto de la Planta Piloto para incluir los procesos de vermicompostaje y vermirremediación. Hemos comprobado que, al agregar lombrices al biolecho, se obtiene un efecto sinérgico. Ellas son, en cierto modo, las “reparadoras” de ese sustrato que se usó para degradar agroquímicos.

¿Y qué uso se le puede dar a ese sustrato?

Se lo puede usar como abono, o volver a mezclarlo con suelo y hacer un biolecho nuevo… Bueno, las lombrices nos pueden contar mucho del estado en que se encuentra. Y esta situación abre un nuevo camino de investigación: en esta línea hay dos becarias realizando sus tesis doctorales.

Y todo esto ha despertado el interés del IRAM…

Así es. Nos convocaron para integrar una comisión del IRAM que va a normalizar la construcción y funcionamiento de biolechos para Argentina. En el país, trabajamos dos grupos en este tema y hay un gran número de ingenieros agrónomos a quienes les interesa debido a su aplicación.

Los empresarios, ¿también se han interesado?

Sí, hay consultas respecto de plantas de reciclado, de las cuales hay muchas. En varios casos no realizan un tratamiento adecuado de sus efluentes y están funcionando en forma clandestina, entonces por eso el apoyo de la provincia a través del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, y el interés en que algo funcione bien, en aprobarlo, y que después pueda ser un modelo a imitar. En cuanto a los que quieren hacer bien las cosas, ya estamos trabajando con “Resiplast”, una recicladora de la Pcia. de Bs. As. Tenemos un convenio y nuestros profesionales han capacitado y asesorado a su personal. No obstante, primero debemos hacer que este proyecto esté funcionando antes de atender nuevas consultas.

(*) Investigadora del CONICET en el INTEC y docente en la FICH/UNL.

Entrevistó: Lic. Enrique A. Rabe (ÁCS).

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