09/05/2018 | INLAIN
La bacteria benéfica de mamá
Numerosos factores de la vida moderna nos alejan del contacto natural con microorganismos benéficos, en consecuencia, tenemos más problemas de salud.
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FOTO: CONICET Santa Fe.

 

Un equipo de investigadores e investigadoras del INLAIN aisló una cepa de leche materna de una mamá santafesina que posee propiedades anti-inflamatorias intestinales. Esta bacteria fue cedida en préstamo a una empresa francesa para que estudie su potencial en vistas a desarrollar y comercializar un suplemento probiótico. Además, los responsables del proyecto se reservaron el derecho de uso de la bacteria en el país para utilizarla en un proyecto de apropiación social. Los probióticos son microorganismos benéficos para la salud cuando son consumidos de forma frecuente y en cantidades suficientes. Numerosos factores de la vida moderna nos han alejado del contacto natural con microorganismos benéficos y a consecuencia de esta reducción, tenemos más problemas de salud.

En 2008, un grupo de investigadores del Instituto de Lactología Industrial (INLAIN) dependiente del CONICET y la UNL, aisló de leche materna una cepa del género Bifidobacterium. Los Dres. Jorge Reinheimer, Patricia Burns, Ana Binetti y Gabriel Vinderola nos relatan la historia y la perspectiva de este descubrimiento.

“Desde el 2006 se sabe”, nos contextualiza Gabriel Vinderola, “que la leche materna tiene bacterias que la mamá le transfiere al bebé e impactan positivamente en su sistema inmune. Entonces nuestra idea fue explorar qué microrganismos tenía la leche materna de nuestra región y si había alguno que potencialmente podíamos utilizar para desarrollar alimentos probióticos, aprovechando el trabajo de selección que ya hizo la naturaleza (mamá) al definir qué bacteria pasa al bebé, y cual no”.

En 2008, a partir del trabajo de grado de Florencia Zacarías en el INLAIN, este grupo de investigación buscó bacterias en leche materna proveniente de donantes locales y aisló varias cepas. Encontraron una muy resistente y que además, podía deshidratarse. Fue Ana Binetti quien llevó a cabo la identificación para saber que pertenece al grupo de las bifidobacterias. Con esa cepa, Patricia Burns -otra integrante del equipo- fue al Instituto Pasteur – Lille (Francia), donde logró observar la capacidad antiinflamatoria de este microorganismo a nivel intestinal. Cuenta Patricia: “Allí se hizo el estudio de inflamación, un modelo de colitis aguda y crónica; y se vio que la bacteria protegía a los animales contra la inflamación, ventaja que no lo tenían aquellos que no consumían la cepa”.

Ese trabajo se publicó en 2017, en una revista de alto impacto del grupo Nature y logró la atención de un grupo empresarial francés, PiLeJe, que se encarga de desarrollar cultivos probióticos como suplementos dietarios. Agrega Gabriel: “Ese grupo se contactó con nosotros interesados en la cepa, y lo que hicimos fue prestársela por un tiempo para que la estudien. La idea es colocarla en una especie de cápsula- no alimento- para comprarla en la farmacia y tomar una por día. No es un producto farmacéutico para una enfermedad en particular. Es para prevenir, para mantener nuestro sistema inmune funcionando”.

A través de la gestión de la Gerencia de Vinculación Tecnológica del CONICET, esta cepa fue cedida en préstamo, mediante un acuerdo de transferencia de material biológico, al grupo francés en marzo de 2018. De todos modos, agrega Vinderola, “si esto se transfiere a Francia, nos reservamos el derecho de utilizarla en Argentina, de modo tal que no solo sea un negocio para la empresa, CONICET y la UNL, sino que también llegue a la región mediante un programa social. En esta dirección estamos dando los primeros pasos junto a instituciones santafesinas, gastroenterólogos, nutricionistas y asistentes sociales. No lo hacemos nosotros solos. Por ejemplo, en Tucumán, el CERELA (Centro de Referencia para Lactobacilos, CONICET), logró que a una bacteria de este tipo la reciban más de 200 mil chicos en comedores escolares”.

Los probióticos vs. enfermedades autoinmunes, alergias, obesidad …

Son bacterias benéficas, microorganismos vivos, que en cantidades suficientes en el intestino pueden alterar positivamente la flora o microbiota intestinal. “Para que nuestro sistema inmune del intestino funcione, necesitamos un contacto periódico con microorganismo, pero a este contacto lo hemos ido perdiendo por muchas razones: por una lactancia materna corta, por el parto por cesárea, por el abuso de antibióticos, por comer menos alimentos fermentados o porque nos criamos en condiciones estériles. Cuando a edad temprana no se establece una buena microbiota intestinal sino una aberrante, es decir, que da una respuesta inflamatoria, aparecen las consecuencias. Esa condición, con el tiempo, colabora con el desarrollo de enfermedades autoinmunes, alergias, obesidad. Entonces, la idea es volver a consumir microorganismos que son benéficos para la salud y esto no es nuevo, hace más de 20 años la industria alimenticia ha incorporado leches fermentadas y yogures con probióticos”, define Vinderola.

La importancia de la microbiota intestinal diversa

En nuestros intestinos hay un mundo microscópico con vida, cien billones de bacterias que son la clave en el mantenimiento de nuestra salud. El desarrollo de la microbiota intestinal (antes conocida como flora intestinal) empieza tras el nacimiento y tiene -entre otras funciones- la de protegernos de virus y bacterias que generan enfermedades, sintetizar vitaminas y completar la digestión de los alimentos que ingerimos. “Uno tiene que pretender tener una microbiota diversa. Cuantos más soldados tengamos que saben hacer cosas distintas, más preparado y defendido está el cuerpo. Lo ideal es exponernos a distintas bacterias benéficas y en todas las etapas de nuestra vida”.

La ciencia a paso firme

Desde el comienzo del proyecto a hoy, transcurrieron 10 años, y completa  Reinheimer: “Para que el producto llegue a una góndola faltan 3 a 5 años más. Detrás de algo tan sencillo como que la industria use una bacteria que encontramos nosotros, hay 15 años de trabajo; mucha gente, cooperación internacional, un gran esfuerzo y mucha convicción por parte del grupo para sortear los problemas que tenemos en Argentina e ir para adelante. Se necesita mucha plata, mucha paciencia y tesón.”

El grupo de investigación

Dres. Jorge Reinheimer, Maria Florencia Zacarias, Patricia Burns, Ana Binetti y Gabriel Vinderola. Además, esta cepa ha sido estudiada en colaboración con la Dra. Roxana Páez, del INTA-Rafaela; el Dr. Ulrich Kulozik, de la Universidad Técnica de Munich (Alemania); el Dr. Jacques Nicolí, de la Universidad Federal de Minas Gerais (Brasil) y la Dra. Corinne Grangette, del Instituto Pasteur-Lille (Francia).

Financiamiento

El proyecto ha sido financiado, en distintas etapas, por el CONICET, la UNL, por el MINCYT (PyCT y CAI); la  Sec. de Políticas Universitarias; la ASACTEI del Gobierno Provincial; fondos obtenidos de servicios a terceros (vinculación con industria); estadías internacionales y recursos externos.

INLAIN

El director del INLAIN, Jorge Reinheimer, remarca: “En el Instituto tenemos el ejercicio de ir hacia afuera, hacia la industria, hay una historia, una tradición en este sentido. Yo empecé en los años 70 la vinculación con las industrias y siempre hemos tenido esta característica del grupo, sumada a la colaboración internacional.” El Instituto desarrolla una actividad científica y tecnológica orientada hacia la leche y los productos lácteos, principalmente quesos, para lograr resultados que mejoren los procesos y eleven la calidad de los productos y la materia prima. Cuenta con 15 investigadores, 8 becarios y 4 profesionales y/o administrativos.
www.inlain.santafe-conicet.gov.ar

Por Paula Pochettino / Área de Comunicación Social / CONICET Santa Fe

 

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