30/12/2015 | IAL
“Estoy convencida de que los transgénicos son una herramienta excelente”
Lo asevera la Dra. María Elena Otegui, una estudiosa de los efectos de las condiciones del ambiente sobre las respuestas de las plantas.
detalle agrobiotecnología
Foto: CONICET Santa Fe.

 

Lo asevera la Dra. María Elena Otegui*, una estudiosa de los efectos de las condiciones del ambiente sobre las respuestas de las plantas. La investigadora del CONICET reflexiona sobre el mejoramiento de los cultivos de manera planificada, acción que se realiza con éxito desde hace algunas décadas; no obstante, la creciente demanda mundial de alimentos exige a la ciencia una respuesta más “eficiente aún”.

¿Cómo es el rendimiento actual de los cultivos y cuál debería ser a futuro?

“En base a series históricas de datos disponibles -estudios de simulación, y alguna capacidad de pronosticar lo que vamos a requerir como recursos alimenticios- podemos proyectar cómo debería mejorarse el rendimiento para satisfacer las demandas futuras previstas. Y eso que parece tan trivial es un poco la esencia de lo que hacemos los ecofisiólogos, los biólogos moleculares, los fitomejoradores, porque venimos atendiendo al mejoramiento de los cultivos de manera planificada desde hace algunas décadas, y se viene haciendo, para mi gusto, muy eficientemente, pero las demandas previstas sugieren que vamos a tener que ser más eficientes aún”, señaló. Y agregó: “Por un lado, es muy fácil decirlo, pero ponerlo en práctica y lograrlo parece que será mucho más dificultoso. Por eso estimé importante alertar a los asistentes al seminario sobre esas dificultades para dar ese salto en porcentaje respecto de cómo venimos mejorando el rendimiento hasta hoy, y cómo deberíamos hacerlo en los próximos cuarenta años. No obstante, el ser humano no ha dejado de sorprenderse a sí mismo logrando mejoras que en otras épocas también parecieron inalcanzables. Así que, con seguridad, encontraremos las herramientas para seguir no solamente sosteniendo el progreso en el rendimiento sino aumentándolo, ya que no es poca cosa lo que va a demandar la sociedad”, destacó.

La mejora, ¿consiste en lograr que el cultivo pueda responder a adversidades tales como sequía, el cambio climático, enfermedades?

A todo eso, porque, en realidad, el rendimiento potencial de la mayoría de los cultivos en los que se sustenta la nutrición de casi toda la Humanidad -los de más importancia por su uso directo e indirecto- es muy estable. Los rendimientos que se obtienen en muy buenas condiciones de producción -cuando no hay estrés- tienen muy poquita variación; es poco el margen que queda para mejorar el rendimiento potencial. No significa que no se pueda mejorar, pero ya se ha mejorado bastante. Mientras que lo que resta por mejorar es, justamente, el desempeño de los cultivos en condiciones adversas. Adverso es todo lo que determina una restricción al crecimiento; algunas adversidades son más generalizadas, o se espera que sean más generalizadas, y otras menos, pero sería falso decir que son más importantes los estreses de tipo abiótico (o físico), como se le suele llamar a la alta temperatura, falta de agua, o pobre nutrición, respecto de los estreses bióticos, que son las enfermedades, las malezas, las plagas animales. La realidad es que se trabaja permanentemente sobre todos ellos. En lo que ha sido más exitoso el mejoramiento de cultivos en los últimos años ha sido en ir reduciendo la brecha entre ese rendimiento potencial, que es más o menos el techo, y el rendimiento en condiciones adversas. Toda la mira está puesta en esas situaciones de estrés.

¿Cuáles son los avances más destacables?

Los avances son sostenidos, están en todos los cultivos; las tasas de mejoras de rendimiento se mantienen. No hay ningún cultivo que, en realidad, haya mostrado un estancamiento en la mejora del rendimiento en condiciones normales de producción, o en el rendimiento promedio del cultivo en el planeta, con diferencias particulares de cada especie. El desafío está en aumentar, biotecnología mediante, esas tasas de mejora; no es un desafío pequeño, es uno complicado.

¿Y en cuanto al maíz?

Respecto de este cultivo, cito un ejemplo del exterior: cuando vemos lo que ha pasado entre los países de Europa que no adoptaron la biotecnología -la que se ha comercializado, que todavía no tiene tanto que ver con el estrés abiótico sino con el biótico-, y los países que sí lo hicieron, la ganancia genética de los primeros es mucho menor. Por ejemplo, Italia tenía uno de los mejores programas de mejoramiento de maíz del mundo y se estancó por una combinación de factores: porque no tienen una superficie total atractiva para los que invierten en mejorar los cultivos y porque el país no está, por el momento, dispuesto a utilizar transgénicos.

¿Les temen?

Yo estoy convencida de que los transgénicos son una herramienta excelente, no hay razones para justificar temores que estén seriamente fundamentadas, pero no soy una especialista, por eso prefiero que hablen aquellos con conocimientos sustentados en datos estadísticamente comprobables. Lo concreto es que cuando una ve los resultados, en esos países se verifica un estancamiento de los rendimientos y la producción porque dedicarles un programa de mejoramiento especial sin uso de transgénicos en una superficie tan acotada no es atractivo para los inversionistas. Hay que entender que la ciencia sale de una inversión, sea pública o privada. Sin ser especialista -yo no soy mejoradora, soy ecofisióloga- tengo muchos genetistas y mejoradores conocidos, algunos del sector comercial, y que conocen el tema y dicen: “Ahora ya no sólo es un problema de no haber adoptado transgénicos. Con esa decisión se estancó todo el programa”. Y uno no revitaliza un programa de mejora de la noche a la mañana. Para ponerlo en un lenguaje más popular: es como cuando la gente discute en un diario lo que ha significado perder el stock ganadero. No se recuperan millones de cabezas de ganado en un año. Un programa de mejoramiento es aún más complicado; son años de no haber hecho un trabajo de selección porque no resultó atractivo invertir en él y ya no se trata solamente de “Le pongo este transgénico” en un germoplasma que ha quedado “viejo” por otras características.

Usted acaba de definirse como “ecofisióloga”. ¿Qué significa?

Me baso en la expresión “Ecofisiología vegetal”. El término “eco”, antepuesto a “fisiología” (que atiende el funcionamiento de las plantas) hace referencia a entender los efectos de las condiciones del ambiente sobre las respuestas de las plantas, tanto por el uso de recursos del suelo como de la atmósfera. Luego, “eco” refiere a esa cuestión que lo diferencia un poco de la fisiología vegetal que hacíamos en condiciones controladas e individuales -una planta creciendo en una maceta-. Y la Ecofisiología es mi campo de trabajo.

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(*) Investigadora Superior CONICET en el Instituto Nacional de Tecnologia Agropecuaria (INTA). A mediados de 2015 dictó el seminario: “Fenotipado de cultivos orientado al mejoramiento genético asistido por técnicas moleculares: el maíz como caso de estudio”, en el Instituto de Agrobiotecnología (IAL-CONICET-UNL).

Por el Lic. Enrique A. Rabe (ÁCS/CONICET Santa Fe)

 

 

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