28/10/2013 | ICIVET Litoral (CONICET/UNL)
El biólogo molecular y la garrapata
La investigación busca dilucidar la ecoepidemiología de Rickettsia parkeri, una enfermedad infecciosa emergente, reportada en 2008.  
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FOTO: Georgina Tumini

Lucas Monje es doctor en Ciencias Biológicas, tiene 35 años y trabaja como investigador del CONICET en el Laboratorio de Ecología de Enfermedades del Instituto de Ciencias Veterinarias del Litoral (ICIVET LITORAL). En la visita que realizamos a su laboratorio nos relataba: “mi trabajo es llevar adelante la parte de biología molecular que ocupa a los distintos proyectos del laboratorio, pero el tema que me involucra directamente, es una investigación que trata de dilucidar la ecoepidemiología de Rickettsia parker, que causa una enfermedad infecciosa emergente”.

El objetivo de la investigación es encontrar factores determinantes de la ecología de la Rickettsia parkeri, detectar que variables pueden afectar su abundancia, detectar en que lugares se encuentra la bacteria, cuáles son los hospedadores y porque en algunas zonas hay más presencia que en otras. Por ello, el trabajo de un biólogo molecular cómo Lucas, requiere, además del trabajo en el laboratorio y la oficina; salir a terreno, buscar y recolectar muestras, tomar contacto con los lugareños, aprender a esperar con lluvia y con frio. Lo que se dice, un científico todo terreno.

Rickettsia parkeri, una aguja en un pajar

En Delta del Río Paraná ha sido detectada, y reportada en el año 2008, Rickettsia parkeri, una bacteria muy pequeña y ancestral, que necesita obligadamente parasitar en una célula para reproducirse. La bacteria es la causante de una enfermedad infecciosa en los seres humanos, rickettsiosis, la cual se transmite por medio de las mordeduras de garrapatas. El animal opera de agente transmisor de la enfermedad. La bacteria R. parkeri tiene forma de bacilo, algo así como una pequeña barra que mide aproximadamente 3 a 4 micrómetros (µm) de largo, es decir, 3 o 4 milésimas partes de un milímetro. Por ello, para avanzar en el conocimiento de ésta enfermedad, es imprescindible el estudio a nivel molecular.

“Este parásito es una alfaproteobacteria, es decir, una bacteria muy chiquitita, muy antigua, y la detección de ella sería muy difícil si no tuviéramos una técnica como la PCR (reacción en cadena de la polimerasa /polymerase chain reaction) en tiempo real. La PCR en tiempo real, es una técnica que amplifica un sector de un gen. Por ejemplo, si tengo una garrapata infectada con una bacteria, cuando hago la extracción del ADN, voy a obtener una muestra extremadamente compleja. Buscar la bacteria, sería como buscar una aguja en 100 pajares. Lo que hacemos con la PCR, es amplificar un fragmento del ADN de la rickettsia. Ese pequeño fragmento se empieza a copiar, una vez, dos, cuatro, ocho veces de forma exponencial, y al final de la reacción en vez de tener una aguja, tengo un camión lleno de agujas, que va a ser más fácil de encontrar.”

Detectar en una muestra de ADN de garrapata el ADN de Rickettsia parkeri, es una tarea muy compleja. La técnica de PCR en tiempo real sirve para amplificar un fragmento del material genético, produciendo una altísima probabilidad de identificar la bacteria. La gran ventaja es que aparte de informarnos, si hay o no rickettsia, nos dice cuanta hay y de este modo reconocer los distintos niveles de infección.

La rickettsiosis forma parte de las denominadas “enfermedades infecciosas emergentes”, ya sea porque han aparecido recientemente, han aumentado su frecuencia, o su alcance geográfico; y porque invariablemente, son enfermedades que amenazan la salud pública.

“Al ser una enfermedad nueva, uno de los mayores problemas es el desconocimiento, los médicos muchas veces hacen un diagnóstico equivocado, se confunde con dengue o leptospirosis debido a la falta de herramientas diagnósticas. Por ello, estamos desarrollando una prueba serológica para tratar de detectar tanto, si roedores y bovinos estuvieron expuestos a esta enfermedad, como para confirmar los casos sospechosos de rickettsiosis humana”.

Si bien la Rickettsia parkeri no es mortal para los humanos, genera cuadros de alta fiebre, dolores de cabeza, lesiones cutáneas, cansancio y debilidad, entre otros síntomas. La mejor prevención sigue siendo trabajar en la comunidad mediante campañas de educación y concientización, para evitar el contacto con las garrapatas.

Campañas y “pesca” de garrapatas

Para extraer el ADN, que luego será procesado en la PCR en tiempo real, Lucas precisa contar primero con las garrapatas portadoras de la enfermedad, ya sea atrapando a los roedores, de los cuales las garrapatas se alimentan en el comienzo de su vida; o atrapando las garrapatas, mediante un curioso método de “pesca”. Las garrapatas son colectadas en su etapa de vida libre (adultos) mediante el uso de un trozo de tela que se arrastra sobre la vegetación, y al cual las garrapatas se “suben”.

Entre el 2010 y 2012, junto al resto del equipo de investigación, llevaron adelante 22 campañas de muestreos de garrapatas y roedores; extrayendo además, sangre de bovinos de la zona para detectar rastros de la enfermedad. “El proyecto lleva un período de incubación bastante largo por el tema de las campañas. Son viajes al Delta del Paraná durante cuatro días, con trampeos nocturnos de 220 trampas por noche, en grupos de 4 a 5 personas por campaña, durante 2 años y medios. Recién allí se comienzan a analizar las muestras y obtener resultados”.

 

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