17/06/2018 | Un proyecto que une a Valencia con Santa Fe
Científica española visitó el IQAL
La Dra. Margarita Parra Álvarez, desde el 2000, realiza actividades de investigación con el grupo que integran el Prof. Mancini y la Dra. Kneeteman.
IQAL
De izq. a der.: M. Kneeteman, M. Parra, P. Mancini y A. Chialvo. Foto: E. Rabe, CONICET Santa Fe.

 

La Dra. Margarita Parra Álvarez es química, catedrática de la Universidad de Valencia e integrante del Instituto Inter Universitario de Reconocimiento Molecular y Desarrollo Tecnológico (IDM) que depende de las universidades Politécnica y de Valencia, de la ciudad de referencia. Desde el año 2000, realiza actividades de investigación en sensores químicos con un grupo del IQAL que integran el Prof. Pedro Mancini y la Dra. María Kneeteman.

¿Qué comprende su actividad de investigación en su país?
Nosotros trabajamos en dos áreas, una de las cuales refiere a sensores químicos, dosímetros químicos, más exactamente. Al respecto, tiempo atrás, hicimos sensores de cationes, de aniones y ahora estamos más centrados en moléculas neutras. Durante algunos años, Pedro Mancini, María Kneeteman, algunas personas del IDM y yo trabajamos en la detección de armas químicas, para luego abocarnos a neurotransmisores porque la siguiente fase era intentar introducir sistemas que fueran biológicamente compatibles, y entonces queríamos detectar esos neurotransmisores in vivo, y ahí estamos. Uno de nuestros campos de trabajo es la detección de drogas, sobre todo cierta clase de sustancias que ahora están causando tanto problema en las chicas jóvenes, chicas en cuyas bebidas les ponen droga… y no se enteran. Son derivados del ácido gamma-hidroxibutílico y con efectos de amnesia temporal. Es una de las drogas conocidas como “droga de la violación”.

¿Qué caracteriza a ese ácido?
Se trata de una molécula relativamente sencilla que se introduce en una bebida, a la que no le añade color ni sabor ni nada, con la que convidan a la potencial víctima. Lo que pretendemos nosotros ahora es desarrollar un sensor óptico, similar a una tira de pH, que se pueda sumergir en la bebida, detecte la sustancia, y que quien sea posible víctima de un hecho delictivo pueda decir: “A esto yo no me lo tomo”. Con este ácido pasa lo mismo que con las anfetaminas: son sustancias muy sencillas de hacer, y esa facilidad genera un problema. Hay otras drogas que son más complejas, pero hay algunas que son muy simples.

¿Cuál es la otra área en la que trabajan allá?
Es la de materiales. Trabajamos con materiales silíceos, mesoporosos -quiere decir que actúan como si fueran una esponja-, en los que podemos introducir fármacos, cerrarle los poros, y que esa “puerta molecular”, como nosotros la llamamos, sea capaz, con un estímulo determinado, de romperse y liberar al fármaco. La idea es que sea una “diana terapéutica”, o sea que el fármaco solo actúe donde debe hacerlo; que cuando pase por el estómago no se estropee, que llegue al sitio donde tiene que actuar y no al resto del organismo, con lo cual disminuiríamos considerablemente los efectos secundarios. Es una parte de la tecnología farmacéutica dentro de un campo de investigación que estamos haciendo mucho más multidisciplinar de lo acostumbrado, y que se debe a que en el IDM tenemos grupos muy diversos. Lo mismo sucede con los sensores: dentro del Instituto tenemos un grupo de electrónica para que ese sensor que nosotros estamos haciendo termine siendo un aparatito que dé una respuesta que se pueda llevar manualmente. Yo, de aparatitos, no sé nada así que tengo que decírselo a un electrónico que es el que sabe cómo hacer eso. El IDM cuenta con grupos de farmacia, de tecnología farmacéutica, de farmacología, de electrónica y de química. Y esa multidisciplinariedad que tenemos en Valencia también nos vincula con el IQAL.
¿Qué motiva su presencia en Santa Fe?
Formo parte de un PICT (vigente) como investigadora externa. Este PICT del IQAL tiende a combinar nuestros trabajos relativos a la reacción de Diels-Alder y posibles sensores de aniones de metales pesados. El proyecto concluye este año y he venido para terminarlo, en lo que a mí respecta. Pedro (Mancini) irá unos días a Valencia así también lo cerramos allá.

¿En qué consiste este trabajo conjunto?
En el desarrollo de sensores, acción en la que nos apoyamos mutuamente, y particularmente en el tema de las bisvainillinas, un tipo de productos que aquí conocen muy bien y al que le vimos la posibilidad de su uso como sensores de cationes. Hemos obtenido muy buenos resultados, y hace un momento estábamos hablando de unos complejos de cobre que salen muy bien. El cobre es un metal muy importante para detectarlo, de mucho uso en agroquímica.

¿En qué se aplicarán los resultados? ¿Son únicamente de valor académico o también podrían interesar en alguna actividad económica productiva?
Nosotros trabajamos fundamentalmente en química básica, y siempre pensamos en algo que pueda tener proyección futura, pero del punto en que estamos a que la proyección sea real, todavía tiene que pasar tiempo. No obstante ello, la idea siempre es que nuestros sensores ópticos -colorimétricos o fluorimétricos- tengan una respuesta rápida con un equipamiento muy sencillo; que pueda ser asequible en una tira o un dispositivo que pueda medir los parámetros, si son colorimétricos, o la fluorescencia de un determinado compuesto, por ejemplo, un gas venenoso. Los colocamos en materiales sólidos, te lo puedes poner en la solapa de tu chaqueta y si cambia de color e indica “peligro”… ¡a correr rápidamente! (risas).

Al respecto, el Prof. Mancini, integrante del grupo local, agrega:
Con relación a ciertos gases que afectan el sistema nervioso y que se utilizaron en el atentado en el metro de Tokio el 20 de marzo de 1995, en este caso, el gas sarín, hemos trabajado buscando sensores colorimétricos que trataran de detectar el gas, simplemente y en forma muy sensible, por cambio de color, ante la imposibilidad de llevar un equipamiento de Masas o de RMN a un aeropuerto. Dicho sea de paso, habrá nuevas incorporaciones de Investigadores, que han pedido integrarse al IQAL, que son catalíticos, para trabajar en materiales mesoporosos, como antes lo mencionó Margarita.

Y la Dra. Parra Álvarez añade:
Hemos hecho trabajos de detección de armas químicas. Tenemos un par de buenos sensores de cianuro y de formaldehído, que desprende la madera, uno de los compuestos que está causando bastantes problemas. También estamos abocados a sensores de monóxido de carbono.

¿Cuál ha sido el principal aporte que este trabajo conjunto ha realizado a la multidisciplina?
Resultó en muchas publicaciones en revistas de alto impacto y en tesinas.

¿Qué instituciones financian este proyecto?
Aquí tenemos el PICT/CAID ya citado y tuvimos un proyecto conjunto con la Asociación Española de Cooperación Iberoamericana (AECI), con la industria del cuero (debido al hierro que se utiliza), y estamos aquí financiados por el Ministerio de Educación y Ciencia de España.

Para comenzar a cerrar esta nota, ¿qué le interesaría señalar, doctora?
Yo creo que lo más importante de este tipo de relaciones es que fomentan la multidisciplinaridad de nuestros trabajos y facilitan el que esa investigación básica pueda llegar a un resultado visible para la sociedad. A la comunidad le hablamos de todos estos sensores y no entiende mucho, pero si al final sabe que tiene un dispositivo que si cambia de color tiene que protegerse eso es lo más valioso. Para lograrlo, toda relación con distintos grupos nos ayuda. Y eso es lo que queremos.

A fin de concluir esta entrevista, ¿qué desearía destacar, Prof. Mancini?
Que ha sido muy valiosa la concreción de un Instituto de Química en la universidad, ya que su ausencia generaba una situación de vacío en un área de vital importancia como es la química, por lo cual, contar hoy con un Instituto de Química Aplicada en la UNL, de doble dependencia UNL-CONICET, genera múltiples y variadas posibilidades de crecimiento.

Entrevistó y fotografió: Lic. Enrique A. Rabe (ÁCS; 23/5/18)

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